
Tradicionalmente, el diablo representa las fuerzas tenebrosas del mal que tientan y corrompen; pero, cuando de pactos se trata, el hombre ya no es la víctima inocente. El que acepta un trato con el príncipe de las tinieblas busca resolver dificultades o cumplir sus deseos con inmediatez, aunque para eso tenga que perder irremediablemente su alma.
En “El diablo de la botella”, el mal encapsulado pasa de mano en mano hasta aquel que se condena con la posesión definitiva.
En este caso, el hombre siempre constituye el escenario propicio para que la batalla entre el bien y el mal ocurra. Con efectos de humor, suspenso y cierto dramatismo, R.L.Stevenson demuestra ser admirable contador de historias, de esas que han despertado con su ingenio y sensibilidad el interés de los lectores.
En “El diablo de la botella”, el mal encapsulado pasa de mano en mano hasta aquel que se condena con la posesión definitiva.
En este caso, el hombre siempre constituye el escenario propicio para que la batalla entre el bien y el mal ocurra. Con efectos de humor, suspenso y cierto dramatismo, R.L.Stevenson demuestra ser admirable contador de historias, de esas que han despertado con su ingenio y sensibilidad el interés de los lectores.


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